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Perdido por los Picos de Europa

Una vez leí que las primeras montañas que divisaban los marinos cuando volvían de America hacia Europa eran esas altas y enriscadas cumbres calizas que se reparten entre León, Asturias y Cantabria. De ahí que decidieron llamarlas los PICOS DE EUROPA.


Estas montañas son el primer parque nacional del Estado declarado en 1918 y no es para menos puesto que se trata de un paraje muy especial, unas montañas que alcanzan alturas de 2.650 metros de pura roca caliza con una verticalidad única en toda la peninsula.


Un paraje en el que pocos se aventuran a meterse solos por la dureza del terreno, la falta de agua, la constante verticalidad y exposición de sus senderos donde no es difícil encontrar pasos aéreos, pequeñas trepadas o clavijas y escalones instalados en la piedra para ayudar a salvar obstáculos de varios metros en vertical. A todo esto además hay que añadirle la extraña meteorología de estas montañas donde nunca se sabe cuando se va a echar la niebla ya que su proximidad con el mar hace que casi a diario se produzcan nieblas inesperadas a diferentes alturas.


Para mi no podía haber escenario mejor para pasar 5 días caminando en solitario y en autosuficiencia ya que me encanta sentir esa verticalidad y el tacto de las caliza de Picos bajo mis botas y mis manos. Además desde muchos de sus collados es posible divisar puestas de sol y amaneceres de ensueño. Una mezcla muy especial que he ido sintiendo en estos 5 días de travesía.


Día 0: Me dirijo a Fuente Dé tras pasar el día escalando en el valle de Miera con Danitxu. Llego tarde, sobre las 21h con apenas algo de luz para buscar un sitio para dormir. Tras echar un ojo al terreno vi claro que la mejor opción era irme justo al lado del parking, a la izquierda, cerquita del coche para así al día siguiente poder volver y montar la mochila. No tardé en encontrar un sitio justo debajo de un gran haya donde poner la esterilla, hacer unos yatekomo y echarme a sobar. Este fue el único día donde utilicé los tapones de nadar puesto que las vacas llegaron a estar tan cerca que los tolón, tolón de sus cencerros no me dejaban conciliar el sueño. Fue ponérmelos y caer rendido.


Día 1: tras una noche muy buena, organicé rápidamente la mochi y con ganas y energías renovadas me puse a subir los 1000 metrazos de desnivel que separan Fuente De del collado de Tornos. Esa vez solo tarde 2,5 horas en subirlo, media que no volvería a repetir ninguno de los siguientes días.


Una vez arriba me encontré con los primeros caminantes con acentos diversos, en este caso un gallego y un asturiano, el primero me felicitó por estar ya arriba y el segundo me lanzo una retahíla de consejos e ideas de las cuales no escogería ninguna, dándome cuenta a posteriori de que no eran para mi. Ojoooo con los consejos que te dannnnn en Picos donde todo el mundo esta deseando de aportar y ayudar pero donde no todo vale para todos :-)


Poco a poco, subida tras subida, collado tras collado, dejado atrás varios Jous que es como llaman aquí a las típicas dolinas o agujeros tipo "coladero" que se producen en la roca caliza, llegué a Collado Jermoso, un refugio ubicado en un bonito collado donde los atardeceres son una maravilla o eso me han contado puesto que la noche que pasé allí se echo una espesa niebla que lo tapó todo y no nos dejo ver nada.


Antes de llegar al refu como todavía tenía agua de sobra decidí dejar la mochila en una pequeña cueva que hay enfrente. Allí quedo tapada por una roca que la escondía bien y decidí subir el pico Llambrion de 2.642 metros que creo que es el segundo más alto de la cordillera. Este pico se me hizo delicioso. No tiene ningún paso complicado pero constantemente hay que usar las 4 extremidades y se puede trepar a placer por diferentes riscos que van apareciendo optando por rutas algo más complicadas que la que marcan unos puntos amarillos. La verticalidad esta asegurada y también la tranquilidad puesto que son pocos los que se aventuran a subirlo y mayoría los que deciden subir el vecino y más sencillo pico de la Palanca.


Aún así fui encontrando a varias parejas durante mi ascenso, unos clasicorros con casco de los años 80 que venían flipando, una pareja que no encajaba bien con el terreno pero que se habían subido desde el valle y todavía tenían que volver, y ya en la bajada otra pareja más osada que tenía instalada la tienda cerca y controlaban bien la zona.


Para mi el extra punto de aventura lo puso decidir bajar por otro sitio diferente. Había visto en el mapa que existía otra ruta de acceso y la busque durante varios minutos, aventurándome a probar en diferentes canales, no convenciéndome ninguna de ellas volví a la primera de todas, esa que parecía la más complicada y me di cuenta de que se bajaba por allí y que la cosa no tenía mayor misterio más que un paso de salida algo raro con un poco de desplome pero sin mayor riesgo. Baje por aquella canal y bordeando la ladera llegué a lo que se conoce como el Tiro Calleja. Un estrecho canal que hacia la mitad coge verticalidad y supone un pequeño reto en la bajada. Afortunadamente habían equipado este cachito con cuerdas fijas y eso ayudo a destreparlo.


Tras pasarlo ya solo quedaba descansar un poco antes de bajar y llegar al refu a echar la esperada cañita y a conectar con los mendizales que hubiera allí. Lo primero fue sencillo y muy reconfortante, lo segundo fue complicado ya que allí había una fauna variopinta con la que no pude socializar demasiado. Algo con un grupo de jubilados que se metían con la tesorera del grupo por ser fumadora empedernida y otro poquito con los compis del vibac de al lado que se habían subido sin tienda y por desconocimiento o inconsciencia pensaban que la niebla de picos no era húmeda y apenas mojaba. Cosa que comprobarían esa misma noche en sus carnes cuando sobre las 19h se metió la niebla y lo empezó a mojar todo.


Fue en ese momento cuando yo decidí cenar y meterme al saco sin mucho más que hacer más que descansar que no era poco y efectivamente caí rendido hasta que a eso de las 00h00 los chavales del vibac de arriba, 2 parejas de chavales jóvenes sin experiencia en montaña que habían montado una tienda por primera vez en su vida y que con la alteración del momento se encontraban a tope, bromeando, charlando y riendo justo a escasos 10 metros de mi. Aquella fue la única noche que pasé en compañía, a partir de entonces buscaría sitios alejados de los refus.


Día 2: Era todavía de noche cuando sali de la tienda, el día amaneció despejado, desayune junto al refu, justo antes de que lo hiciera el resto y rápidamente me dispuse a recoger la tienda. Para cuando acabe aquello ya parecía una romería, todos los vibacs estaban en pie y la tranquilidad vivida momentos antes se esfumo como por arte de magia. Todo empeoró cuando decidí ir a plantar el pino mañanero que se impone cada día. Pensé que en lo alto del risco de enfrente sería coser y cantar. Cual fue mi sorpresa cuando al llegar allí descubrí primeramente una pareja de instagramers que posaba para diferentes fotos y comentaba sobre lo idóneo de tener el pelo suelto o no y a continuación en el otro lado de la ladera unas veinte personas fotografiándose y fotografiando el amanecer.





Realmente estaba precioso asique yo no fui menos, eche un par de fotos a la impresionante luz que se reflejaba en la Peña Santa y me largue de allí rápidamente al otro lado del collado donde probé suerte subiendo por la enriscada pedrera a ver si detrás de alguna roca podía yo dejar el culete al aire y explayarme a gusto y no me hubiera costado demasiado hacerlo pero es que el grado de exposición al público y la cantidad de él no dejaba lugar a la tranquilidad asique me rendí y con lastimosa necesidad me dirigí a acabar de recoger y largarme de allí a ver si en la bajada tenía mejor suerte.


La bajada era preciosa pero yo ya iba sin la alegría del día anterior, penosamente fui dejándome caer por aquellas pedreras, destrepes y complicados escalones que conforman el camino hacia los diferentes pueblos del valle de Valdeon. Todo parecía complicado, primero había que descender mucho en pocos kms y segundo una vez que la pendiente se suavizó decidí dejar el camino principal para meterme en el bosque y explorar un nuevo camino que aparecía en el mapa y me permitiría ganar algunos metros.





Aquello que pensé era una gran idea y un gran atajo resultó convertirse en una trampa húmeda ya que la niebla que hasta hacía poquito bañaba todo el valle había dejado toda la vegetación empapada y aquel camino era de todo menos ancho. A cada paso mis botas y mis piernas recogían el agua de las plantas y acabé con los calcetines chorreando. Pero bueno, nada que no se pudiera solucionar una vez en el valle exponiéndome al sol que ese día brillaba con fuerza.


Hacía un par de años estuvimos por ese mimos valle Raquel y yo y nos quedamos con ganas de bañarnos en una poza por la que en breves yo iba a pasar. En teoría bañarse esta prohibido por ser Parque Nacional pero...cuando uno va solo un bañito furtivo es la cosa más sencilla del mundo.


No tardé en localizar la poza y antes de probarla quise ver si había otras más accesibles, enseguida me encontré con gente asique decidí dar marcha atrás, no buscar más y bautizarme en el famoso Cares. El sitio resulto ser un acierto.





Después del baño, me dirigí hacia el pueblo de Caín que no conocía pero había visto en el maps que tenía varios supermercados, yendo hacia allí me entro la duda de si estarían abiertos un domingo asique en cuanto llegué lo primero que hice fue preguntar y resultó que estaban 100% disponibles para la multitud de turistas de varias nacionalidades que llegábamos allí. Y es que Caín es el principio o final de la famosa ruta del Cares, posiblemente la atracción turística de Picos de Europa más visitada.


Cuando llego a un pueblo de estos, lo primero que suelo hacer son las compras, una vez avituallado me dirijo al bar escogido por mi intuición y tomo una cañita, con un pintxito de torti mientras dejo a recargar el móvil. En este caso además aproveché para secar las botas y los calcetines que seguían empapados.


Se trata de un momento único, llegar a la civilización tras la soledad del camino y poder comprar lo que necesitas para continuar la marcha justo cuando tus vivieres están apunto de acabar. Comprobar que el mundo sigue girando, leer algún periódico, conectarte a internet sin problemas de cobertura, chatear con Raquel, hablar con la gente del bar. Un chute de energía del cual siempre se sale revitalizado.


Y así fue, cargué pilas y salí de allí como un sputnik Soviético averiado que tras la primera cuesta se estropeó y o como paso en mi caso se ralentizó debido al gran peso que llevaba en la mochi y al calor que apretaba todavía a esa hora. Serían las 18h. Al peso de la comida para 2 días recién adquirida había que sumarle 2,5 litros de agua que cogí para poder beber ese día, cocinar y desayunar. Mi objetivo era ganar 500 metros de altura y así no empezar tan bajo al día siguiente ya que Caín esta a 500 metros sobre el nivel del mar y mi idea para la próxima jornada era llegar hasta los 2.650 metros del Torrecerredo.


Fue aquí cuando cometí el mayor error de la excursión, me salté el camino y cuando me di cuenta en vez de retroceder 5 minutos vi en el mapa que había otro camino que en diagonal enlazaba con el que yo no había cogido. El caso es que ese camino ya no existía y pasando entre zarzas, arbustos espinosos y de más vegetación me dispuse a medio trepar entre la vegetación y los bloques de piedra verticales. Tras 20 minutos de colosal esfuerzo vi que aquello se complicaba cada vez más. Gané unos 50 metros de desnivel y el wiki decía que a unos 40 metros ladeando estaba ya el camino pero me entraron dudas ya que allí no se intuía ni la más mínima señal de un posible sendero asique decidí darme la vuelta.


En esos momentos el discurso interno se vuelve contra uno mismo y en mi caso empiezo a llamarme de todo y a torturarme: serás idiota, a quién se le ocurre, como no has podido darte cuenta, vaya tonto, ... Lo mejor, huir de allí lo antes posible coger el camino correcto y usar esa rabia para salir de allí y alcanzar la altura perdida lo más rápidamente posible. Eso siempre funciona y termina apagando al ego fustigador. Aunque también le deja a uno algo más cansado de lo que debería.


No era de extrañar que no viera camino de subida puesto que era un estrecho paso vertical entre rocas que había que trepar con cuidado. Una vez fuera, alcancé un collado y vi que otro camino mucho más suave subía desde el Cares, otra vez el fustigador, serás idiota, mira que no haberte dado cuenta de ese camino, hay que ver, vaya melón,...


En fin, poco más adelante me encontre con una pareja que decían no haber visto a nadie en todo el día y eso que era domingo. El se mostró encantado de poder hablar con alguien que no fuera su mujer, la cual llevaba un buen chichón en la cabeza y estuvimos un buen rato de charleta. Parece que lo que me esperaba al día siguiente sería una recóndita e interminable canal de los Picos de Europa.


Una vez nos despedimos, empecé a subir y a subir y a subir y aquello se volvió cada vez más empinado, empecé a dudar de si sería posible montar una tienda en tan escarpado terreno, en el mapa las curvas de nivel me indicaban que todavía había una última opción antes de entrar a la empinadísima canal de Dobresengos y así fue, justo antes de dejar el río y meterme en la canal apareció un rellano donde monté campamento y puede ver uno de esos famosos atardeceres de picos.





Día 3: Al día siguiente recogí y empecé la ardua tarea pensando que si el primer día había tardado 2h30 en hacer 1000 metros ese día sería parecido. Cuan lejos de mi error, aquello se convirtió en una pequeña tortura donde avanzar 50 metros era todo lo que veía. Para poder con ello me puse pequeños retos, una vez hacía 50 metros me ponía de reto otra roca que estaba a otros 50 y así hasta 3 veces que paraba y me daba un premio, un traguito de agua. Y así poco a poco en unas 3 horas pude hacer los 700 metros que me separaban del Hoyo grande, un jou espectacular donde por fin pude hacer una parada de fundamento y comer algo. Ya solo quedaban otros 500 metros más para llegar a la Horcada de Caín, a la que conseguí llegar sin encontrarme con nadie en 5 horitas.





Una vez allí pensaba yo meterme en mis whatsapps e emails durante un rato, descansar tranquilo, comer, beber, pensar en el siguiente objetivo pero de repente aquel pequeño collado se inundó de gente, un grupo de asturianos llegaban llenos de euforia tras haber superado los 2000 metros de desnivel que separaban aquel collado del comienzo de la garganta del cares, llamada Puente Poncebos. Como yo era el único que estaba allí, me saludaron, me contaron su hazaña, me pidieron una foto y hasta se emocionaron con mi proyecto y uno de ellos me pidió el instagram. La cosa parecía alargarse y yo no podía dejar de pensar en el email que había dejado a medias de contestar y en que la única manera de volver a estar tranquilo era salir pitando de allí asique recogí todo mientras me seguían hablando, les desee buena suerte en la bajada y me fui de allí como si me persiguiera el diablo.


Mi objetivo era un colladito que había 100 metros más arriba y desde el cual ya vería mi siguiente reto, el Torrecerredo. Cuando llegue allí resulto que no había cobertura, y es que así funciona picos, te mueves unos metros y te quedas sin conexión. Allí tuve que enfrentarme al dilema del día, descender 200 metros al jou de Torrecerredo para luego volver a subir 100 metros y poder dejar el mochilón o bordear el jou con el mochilón.


Por no perder altura decidí hacer lo segundo pero me encontré con un terreno escabroso, lleno de pedreras resbaladizas y bloques verticales que había que pasar trepando o destrepando, además los hitos que marcaban el camino desaparecieron y allí quede yo solo dependiendo de mi intuición que como ya venía siendo habitual me aconsejó perder algo de altura para volver a ganarla después. Al final el esfuerzo se vio recompensado, encontré los vibacs que hay justo antes de la subida final al Torrecerredo y pude hacer los últimos 150 metros sin mochila disfurtando de una trepada que sin ser vertical tenía su ambientito con buenos cazos y pies. Una maravilla. Además estuve solito en la cumbre.





Me encontré a 2 chicos que salude sin pararme en la subida y a 2 vascos en la bajada.

Una vez cogida la mochi me crucé con Flex al que también llaman en Baqueira donde pasa los inviernos "el guaje", para mi este fue el personaje más entrañable del viaje ya que conecté enseguida con él. Me contó que subía a dormir a la cumbre, que ya lo había hecho muchas veces, y entonces yo le expliqué que una amiga subiría tb ese día con otro chico (se trataba de la novia de Angel Luengo con el que había chateado momentos antes y me lo había comentado) y a Flex se le puso cara de fastidio, me explicó que le gustaba ponerse en pelotas en lo alto del pico, siempre lo hacía así pero que una vez cuando parecía no subir nadie más, aparecieron 5 chicas de repente que le pillaron in fraganti. Le desee suerte en su proyecto nudista y con una gran sonrisa seguí mi camino.


Esta es la magia de picos que te hace conectar con gente o no como descubriría en mi siguiente parada, el ref. de cabrones. donde 2 chavales de mi edad me reconocieron, tu eres el que estabas subiendo el Torrecerredo, verdad?, dijeron. Les mire y me costo caer en la cuenta que eran los 2 que me había cruzado de subida brevemente en el tramo final cuando ellos bajaban. Yo iba tan absorto y disfrutando tanto de la escalada que casi no me fije en ellos. Estaban echando una cervecita y yo tb asique me sente cerca y empezamos a intercambiar información sobre nuestros recorridos. Uno de ellos era majísimo, creo que de León pero el otro de Palencia, que resultó llevar la voz cantante , era más áspero y seco en sus contestaciones y no daba mucho pie a seguir conversando.


Sin embargo para mi sorpresa, con su amigo se mostraba mucho más dicharachero y algo infantil. Al rato dijeron que se iban a pasear y antes de irme los encontré tirados a unos 100 metros del refu charlando. El cuerpo me pedía haber reído y disfrutado de su compañía pero no pudo ser, así son los encuentros de picos, unos te dan mucho y otros no tanto pero sin duda todos te entretienen y forman parte de la experiencia.


Ese día puse en práctica lo aprendido. Llegué rápidamente hasta el collado utilizando de nuevo la estrategia de ir poniendo objetivos de 50 metros de desnivel y una vez allí me entusiasmé, aquel sitio era perfecto, el sol aun brillaba mientras se ponía y las vistas sobre el Pico Cabrones y Torrecerredo eran increíbles. Iba a pasar un gran momento allí preparándome para la noche.





Sin embargo nada más lejos de la realidad, al poco me di cuenta de que allí soplaba bastante viento, estando al sol no hacía frío pero este se iba poniendo poco a poco y cada vez hacía más fresco y más viento. Puse la tienda como pude ya que el terreno era rocoso y no podía meter las clavijas y prepare la cena. Mientras la comía me di cuenta que ya no podía disfrutar de la puesta de sol ya que el viento era demasiado fuerte y no me dejaba comer a gusto, además hacía más frio. La tienda se doblaba como una vela al viento y pensé que pasar la noche allí iba a ser un gran error.





Asique, fue ahí donde eche mano de todo el conocimiento adquirido en experiencias similares anteriores y en cuanto acabe la cena, volví a desmontar la tienda, el saco, la esterilla y me fui de vuelta para abajo. En la subida a unos 100 metros había visto un jou que me maravillo por su calma y sencillez, un plano rocoso con algunos sumideros y una pequeña cueva. El sitio parecía estar resguardado del viento y efectivamente aquel lugar resultó fantástico. Monté todo de nuevo y todavía tuve tiempo para ver como las últimas luces rojizas desparecían detrás de las montañas más occidentales.


Día 4. El día amaneció nublado y lluvioso, era xirimiri, y pense que seguro que pararía enseguida. Recogí todo antes del desayuno para ver si paraba pero no fue el caso. Si cabe, llovía cada vez más. Me acordé de la cuevita que había visto y me encaramé a ella. Resulto ser un agujero al que había que saltar. Era un salto de unos 2 metros. No lo vi claro y no busqué la manera de entrar porque encima de la entrada había un pequeño extraplomo que me resguardo lo suficiente como para poder calentar el cafe de sobre y desayunar seco.


El momento fue maravilloso, una experiencia muy de PICOS, el típico clima humedo y aprovechando las oquedades del terreno para protegerme. En cuanto acabé me dije vámonos de aquí que seguro que en los altos ya ha parado pero no fue así. Rn el collado llovía bastante más y el viento era igual o peor que la noche anterior. Todavía tenía una horita de pateo hasta el refu del Urriellu asique me apresuré a llegar allí puesto que sabía que encontraría cafetito caliente rico, rico y mucho ambiente.


Ya de bajada me encontre con un solitario francés y una pareja que iba hacia el Torrecerredo. Y ya llegando abajo paró de llover y comencé a cruzarme con el grueso de la tropa que ya salían hacia sus diferentes objetivos, entre ellos reconocí a un simpatico catalán con el que me había encontrado hacía 2 días en su primer día de travesía. Ya parecía otro, mucho más seguro y contento que en aquella primera charla en la que apenas él llevaba un par de horas de pateo y no sabía lo que se iba a encontrar.


Me explicó que el chicho del refu, Jorge, les había dicho que no se preocuparan ya que la previ era excelente y que no volvería a llover asique ellos eran los primeros que se habían aventurado sin creérselo del todo. Su proyecto era el anillo Vindio, un recorrido que han ideado los refus para que la gente pueda dar la vuelta a Picos yendo de refu en refu.


En el refu hice mi sueño realidad y tome un cafetito rico, rico, además me volví a encontrar con Flex que me dijo que pudo ponerse en pelotas y que conoció a Laura, la novia de Angel Luengo que había pasado allí la noche con su amigo. A la mañana les sorprendió la lluvia como a mi y había tenido que bajarse sin hacer los planes que tenía para ese día.


Tras la animada charla me cambié y volví a ponerme en ruta, esta vez conocía el comienzo puesto que lo había hecho con Raquel un par de años antes cuando intentamos subir la Cepeda. Con fuerzas renovadas subí la canal celada y me di cuenta que el camino me llevaba hacia la izquierda, hacia un jou, vuelta a bajar y de nuevo vuelta a subir para descubrir un valle increible, el que llevaba a la Horcada de Camburero. De allí me dirijí a conocer la cueva helada que esta en la subida a Peña Castil pero no llegué a entrar puesto que había que bajar unos 50 metros y un rebaño de cabras sonaba muy cerca del collado dondo yo había dejado la mochila.


Me acorde que en Galayos las cabras solían mordisquear las mochilas porque estaban saladas del sudor y me entro la paranoia. Total que las cabras pasaban olímpicamente de mi mochi y allí estaba yo de vuelta y arrepentido por no haber entrado a conocer aquel hielo que luego me enteré era milenario.


A continuación me esperaba la temida canal de Fresnedal 1000 metros de bajada directa hasta las vegas de Sotres, unas encantadoras cabañas con una fuente celestial donde los tritones y los renacuajos eran muy muy felices. Antes de llegar a la fuente una grata sorpresa tuvo lugar. Por tercera vez en lo que llevamos de año me encontré con Angel Luengo, mi antiguo compi de Iran con el que subi el Damavand hace 16 años. El iba con la bici y 2 amigos y yo andando por la pista. Si el o yo hubiéramos pasado por allí 5 min antes o más tarde no nos hubiéramos encontrado.


Extrañas casualidades que dan que pensar. Estamos hablando para ir a escalar juntos, a ver si podemos hacerlo realidad y descubrir a que se deben todos estos encuentros fortuitos.


Una vez en el valle, el merecido premio busque una pocita con determinación y confianza. Flex me había dicho que no había ninguna y realmente el río Duje parecía demasiado pequeño pero ya llegando a las Invernales del Texu, un pequeño estrechamiento de las pareces permitían la formación de un par de pocitas que no se veían desde la carretera que estaba escasos 30 metros de distancia. Un lujo xk había yerba, sitio para tumbarse. Pude darme el baño que necesitaba comer algo y terminar la subida a Sotres sin problemas. Ese día iba algo cabizbajo puesto que el miercoles se suponía que iba a ir a escalar con Mikel pero se cayo en el Urriellu y cancelo el plan. Para más inri, tb le había dicho a Angel de hacer algo pero me dijo que tenía que currar...no sabía que a andar en bici por picos era currar, jajaja.


En fin con un poco de cobertura pude hablar con Jorge y quedamos en escalar el jueves, todo estaba solucionado y encaba a las mil maravillas puesto que yo haría al día siguiente la última etapa que me separaba de Fuente dé. Estudie diferente recorridos y me di cuenta que se podían encadenar varias cumbres por una cresta, eran las cumbres más altas, las que más me apetecían, el Jierru, el Morral de Lechugales y el Jisu. Duro recorrido pero lleno de motivación pensé que sería coser y cantar.


Además decidí subir a dormir al collado, quitándome 500m de desnivel.





En Sotres, pueblo que ya conocía, recargué móvil, eché cañita y bocata, hice compras y de nuevo cargado como un mulo volví a la carga. Con más pena que gloria subí los 500 metros para llegar a un collado de ensueño, una pradera verde llena de flores con un pequeño pico al lado y una dolina gigante. Además el sol estaba justo enfrente mío poniéndose, rojo, espectacular. Me acorde de Flex y me quite la ropa y probé a estar en pelotas en el medido de la nada, solo, feliz.





La cosa duro poco, el sol estaba casi oculto, empezó a hacer frio, me vestí y me fui a al saco calentito.


Dia 5. El día amaneció soleado pero algo ventoso, en la subida me di cuenta de que no iba fino, iba muy lento, muy cansado, pero bueno los últimos días habían sido así me cuesta mucho calentar, horas pero después de un par de horas andando y un buen descanso suelo motivarme y tirar como siempre. Y así fue. Pase un par de picos y una bajada algo expuesta con una cuerda fija y que hizo dudar de la dificultad del recorrido.


Llegúe al gran collado del Valdominguero después de haber pasado este pico de 2194 metros al que decidí no subir. Estaba molido. La cresta era más dura de lo pensaba. Me senté descansé comí y como por arte de magia en la siguiente subida de 300 metros seguidos hasta el Jierru, volé, pasé a 2 franceses que estaban haciendo el anillo y les pude ver que llegaban a la cumbre del Jierru cuando yo ya casi estaba en el Morral, creo que me motivo el hecho de entrar en la parte más dificil de la ruta.


La bajada del Morral fue perdedora y no exenta de alguna trepada, llegué al último collado antes de ladear el famoso Jisu, una piramide de 2.350 metros que se escala por alguno de sus lados. No estaba seguro de poder ladearlo pero la reseña del wiki era clara y parecía haber camino. Unos itos me alentaron y me lance a la tarea. Los itos desaparecieron y allí quede yo siguiendo un track en mitad de una ladera pedregosa y vertical. Poco a poco y con equilibro llegué al final de esa ladera que acaba en una canal que subía con bastante verticalidad directa al pico. Todo era muy de Picos de Europa, muy abrupto, muy solitario, muy sin camino y de trepar. Me hubiera gustado haberme metido en aquel terreno sin mochilón, lo hubiera gozado pero sin embargo iba bastante cargado y me di cuenta qeu trepar con ese peso no era divertido. Mas bien una especie de penitencia que no permitía dar más de 3 pasos de trepada sin pararte a descansar.


Me alegró llegar por fin al pico pero ya era bastante tarde y me preocupe por la bajada. Las temidas bajadas de 1000 metros directos al valle de Aliva. En este caso opte por la canal de los covarones y me arrepentí. Durísima, todo roca suelta o placas de caliza. Muy tecnica con varios destrepes e interminable. En fin, por fin llegué abajo y con decisión me dirijí hacia la fuente que sabía estaba en la pista justo antes de las invernales de Agüerri, al lado del rio Nevandi. No tenía agua y estaba sediento. Tras una hora a tope llegué y descansé. Me sorprendio la cantidad de 4x4 que pasaron con clientes que imagino volvían de la garganta del cares. Creo que fueron unos 10 coches por lo menos.


Me alegro salir por fin de aquella pista y dirigirme hacia fuente dé, pensé que solo me quedaba una horita pero me equivocaba, fueron 2 horitas, eso sí por un bosque de robles y hayas espectacular. Gran broche final a una gran aventura.


El final no pudo ser mejor, llegué al coche sobre las 20h con la idea de salir de allí y buscar algún bar en Espinama donde dormir pero vi el cartel de camping y lo demás es historia, cené en el bar como un rey, dormi genial y al día siguiente me levante sin prisas, desayune sin prisas e hice compritas y comida copiosa en Potes.


Y...volvieron a empezar las prisas y el estrés bueno, porque había quedado con Jorgillo para conocer Carcalosa, una impresionante cueva suspendida a 100 metros del fondo del desfiladero de la Hermida.























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