GR121. Vuelta a Gipuzkoa




Raquel tiene una semana de vacaciones, la ha cogido en Mayo porque no hay otras fechas disponibles, pensando que para estas fechas ya estaríamos "desconfinados". Ha errado los cálculos por una semana. Lamentablemente no podremos salir de Donosti hasta la siguiente.


Pero como dice el sabio refrán "no hay mal que por bien no venga" y se nos ocurre desempolvar un viejo proyecto, el de dar la vuelta a Gipuzkoa andando, y es que existe una GR diseñada con este propósito. Se trata de la GR121.


Cómo solo tenemos 9 días hay que decidir el tramo. A mi me tira empezar en Deba ya que la costa ya la conozco. Y dirigirnos desde el primer día hacia el interior. Coincide que si hacemos esto al 9º día deberíamos estar llegando a Ugaldetxo, hernani, dejando fuera la costa y el Parque Natural de Aiako Harriak que ya conocemos bien.


Raqueltxu acepta la propuesta y para Deba que nos vamos con un justificante de desplazamiento por estudio de rutas para el trabajo de guía de montaña, que sacaré 8 días más tarde del sitio donde lo metí en la mochila, sin necesidad de haberlo usado.


Etapa 1. De Deba a la ermita Santa Krutz

Tras un comienzo muy bonito con la costa de telón de fondo llegamos al kárstico monte Arno que nos hace sudar pero a la vez nos sorprende por su belleza. Tras dejarlo atrás empezarán las pistas deforestadas que ya nos acompañarán hasta el final del viaje, prácticamente a diario. Tras las pistas, llegamos a una nueva cima la del monte Kalamua encima de Eibar, desconocía esta cima y me ha encantado. Esa noche dormiremos en una ermita que tiene un portico cubierto, Santa Krutz.




Etapa 2. De Santa Krutz a Gesalibar (Santa Agueda)

Tras una noche fría, empezamos a andar entre nieblas y nos sorprende una bajada a Eibar espectacular, llena de vegetación, pero tras atravesar el pueblo volvemos a las penosas pistas. Solo Elgeta nos ayuda a olvidarnos de ellas con uno de los mejores pintxos de tortilla que jamás hayamos tomado: el de (Bar) Lola. Llegamos al puerto de Kampazar desmoralizados con tanta pista y ante las 2 rutas que tenemos para llegar a Gesalibar cogemos la más corta, que nuevamente nos lleva por pistas y que solo mejorará una vez lleguemos a Besaide, con las vistas del Udalaitz y la bajada a Gesalibar. Allí nuestro amigo Txe, nos esta esperando con la compras hechas para los 4 días siguientes. "Eskerrik asko Txe, nos ayudaste un montón. Además por si fuera poco nos invitaste a una caña que junto con tu compañía nos supo a gloria".




Etapa 3. De Santa Agueda a Salinas de Leniz

Tras una noche incomoda en el soportal de la iglesia de Santa Agueda que esta justo enfrente del hospital padre Menni empezamos el día subiendo hasta Untzilla. La subida bastante bonita, al igual que la llegada a Gesalibar y desde Untzilla unas espectaculares vistas a Aramaio y el Anboto. Luego volvemos a las pistas solo interrumpidas por la aparición de Marin otra pequeña joya de la arquitectura pueblerina vasca y la via verde del antiguo ferrocarril vasco-navarro que a tramos cobra interés. La llegada a Lenitz espectacular descendiendo hasta el pueblo por el curso del río Deba que ya empieza a cobrar caudal. Llegada directa a la antigua fabrica de sal y una gran acogida en el bar del pueblo donde el entregado responsable del negocio nos aconsejó de maravilla donde pasar la noche.





Etapa 4. De Salinas a San Adrián

Tras subir a un merendero que hay encima de salinas ponemos la tienda entre los hayas y por primera vez dormimos a gusto. A la mañana siguiente brilla el sol y empezamos a andar alegres hasta la sierra de Elgea, la de los molinos. 20 km de sube y bajas interminables que completamos en unas 5 horas. Tras esto buscamos algún sitio con agua para pasar la noche, en Oltza no encontramos sitios planos que estén ocultos para poner la tienda y decidimos andar una hora más hasta la fuente que esta justo al final de la bajada que viene del Aratz. Allí encontramos un lugar idílico para poner la tienda, preparar la cena y descansar disfrutando de las últimas luces del día.





Etapa 5. De San Adrián a Etzegarate.

Lo que pretendía ser una etapa cómoda se convierte en un reto ya que un imprevisto nos hace descender a Zegama. Esto añade 600 metros más de desnivel a nuestro día tranquilo convirtiéndolo en uno de los más duros, menos mal que en Zegama nos espera el ya clásico descanso en el bar que se ha convertido en uno de los imprescindibles de nuestro viaje. Como es habitual, una vez alcanzados los altos, vuelven a empiezar las pistas embarradas interminables, esta vez nos llevan a Etzegarate. Allí cogemos agua y nos vamos de nuevo para arriba a dormir entre los hayas. Inesperadamente encontramos un refugio de cazadores y decidimos pasar la noche allí. Luego nos arrepentimos ya que la humedad era altísima y el lugar además de lugubre estaba terriblemente sucio.





Etapa 6. De Etzegarate a Igaratza.

Empezamos muy animados esta nueva etapa que al comienzo trascurre hasta Lizarrusti por los altos entre 700 y 1000 metros, continuos sube-bajas que al final se hacen monótonos y algo duros. Al final el premio: Lizarrusti y en este caso una fuente y unas mesas donde poder echar una siesta ya que el refu estaba cerrado. Un poquito de descanso y a continuar hasta arriba, hasta el refugio de Igaratza a 1.200 metros. 700 metros más de desnivel que se hicieron notar. Eso sí, mereció la pena, bañito en la fuente, fueguito, bonito anochecer y dormir relativamente caliente dentro del refu. Aquí la anécdota la pusieron 2 ratoncillos de campo que encontraron la manera de meterse en la bolsa de la comida que aunque estaba colgada de una percha no fue obstáculo para ellos. Menos mal que el ruido del plástico movido nos despertó y conseguimos salvar la comida. No se quien se llevo mayor susto si yo al tener la bolsa cogida con las dos manos y ver como un ratón salía de dentro o el ratón que salió disparado a esconderse en la pared.






Etapa 7. De Igaratza a Orexa.

Empezamos la etapa con la intención de llegar a Berastegi pero nos encontramos con un terreno duro que nos retraso mucho la llegada al río Araxes. Y es que Aralar lo que tiene de bonito también lo tiene de duro, elegimos bordear el Balerdi, saliéndonos así de la GR y evitando bajar a Amezketa pero por otro lado tuvimos que andar por un camino que poco a poco se esta perdiendo y a tramos es bastante kárstico. Tras el pueblecito navarro de Azkarate que dejamos a nuestra derecha nos esperaba una larga pista y una larga bajada hasta el valle del Araxes. Tras el descanso entre dudas de si llegaríamos a Berastegi o no empezamos a andar y nos encontramos con una subida dura y una bajada igual de dura que llega al valle de Basabe, un pequeño arroyo que sale de un espectacular circo, prácticamente salvaje, a excepción del pequeño pueblo que cuelga de una de sus laderas, Orexa, un pueblecito que parece salido directamente de una postal alpina. Tras una última subida al pueblo nos dispusimos a hacer nuestro ritual, ir al bar, cargar móviles, charlar con los locales y tomar un buen pintxo. Este día ya no seguiríamos más, decidimos pasar la noche en la ermita local con vistas al Hernio, lo cual fue un acierto.








Etapa 8. De Orexa a Ugaldetxo. Y como nos habíamos propuesto acabar ese mismo día y así tener todo el domingo para descansar nos levantamos con la buena noticia de que el confinamiento acababa esa misma noche. Sabiendo que nos esperaba un día muy duro nos pusimos manos a la obra y casi sin descanso, tipi-tapa, nos recorrimos la mitad del trayecto, la de subida. Una vez en los altos de Leuneta pudimos descansar e iniciar la eterna bajada hasta Ugaldetxo, donde Gonzalo y Carmen ya estaban esperándonos para llevarnos a casa, eso sí, antes pudimos darnos un último regalo, un baño en el Urumea, ya que los 30º que hubo ese día llamaban a ello.






















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